Son esos días que no vienen marcados en el calendario y de los que nadie te avisa.
Suelen empezar cuando al sacar tu cara de la almohada...¡mierda! ¡¡me he dormido!! ...compruebas que hace media hora (en el mejor de los casos) que deberías haber salido de ahí. Saltas de la cama, te das una ducha rápida, te arreglas como buenamente puedes y cuando estas a punto de salir por la puerta... ¡mierda! ¡¡estúpida lavadora!! ...descubres que la estúpida lavadora no tiene detector de manchurrones y llevas uno precioso en la camisa, ahí donde todo el mundo puede admirarlo en todo su esplendor. Después de arreglar el desperfecto cambiandote otra vez, sales a la calle a toda prisa (sin desayunar, claro) tan tan tan a toda prisa... ¡mierdaaaaaaaaa! ...que no ves el apestoso regalito que algún chucho ha dejado en la acera para que tu precioso zapato lo recoja.
Una serie de "¡mierda!"(s) y catastróficas desdichas van aconteciendo a lo largo del día...
Te encuentras en el metro/tren/bus de donde no puedes escapar a esa persona, si, a la última que desearias ver y menos aún ese día. Inexplicablemente se abre la botellita de agua que llevas en el bolso estropeando tu agenda/apuntes/documentos/todo lo importante que llevas ese día en el bolso. Haces el ridiculo más ridiculo de toda tu vida delante de ÉL. Te rozan los zapatos que nunca antes lo habian hecho. Tu amigo se enfada contigo porque no lo avisas (debido a que al salir corriendo de casa por la mañana olvidaste el telefono allí) de que vas a llegar tarde, muy tarde, a la cafetería donde habíais quedado...
Y así hasta llegar a ocurrirte en un solo día todo lo desastroso que podía pasarte en un mes entero.
Así que solo te queda llegar a casa, darte un baño de espuma lo mas relajante posible, meter la cabeza bajo el edredon y dar las gracias por haber sobrevivido a un día de mierda.